Así
que el verano pasó casi volando. Cada vez se acercaba el inicio de clases y
cada vez más aumentaban los nervios.
Antes
de comenzar a relatar como me fue la primera semana de clases, es muy
importante hacer un paréntesis para hablar sobre la maestría que tanto tiempo
había esperado y que comenzó un semana antes de entrar a clases.
La
maestría en Lectoescritura está hecha para personas que trabajan, está diseñada
para trabajarla un 90% en línea, lo cual sonaba interesante para mí, porque en
la historia de todas mis clases (y mira que fueron muchas) habían sido
presenciales, incluso las de la universidad, así que el simple hecho de romper
el esquema con las clases tradicionales creaba un reto para mí. La primera
clase fue presencial para podernos explicar de que iba cada materia y la forma
de calificar, y bla, blah, bla… todas las cosas que verías en un primer día de
escuela. Pero lo importante aquí, fue conocer a las personas con las que
estarías trabajando el resto del semestre, pero con las cuales sólo tendrías
contacto por medio de la red. Fue raro, porque las primeras impresiones nunca
son las más acertadas, así que descubrirías a tus compañeros a través de su
escritura, de su forma de redactar, de sus puntos de vista de un tema, de un
blog, de Facebook, de sus fotos… en fin, sería una nueva experiencia para
conocer y trabajar las relaciones humanas. Creo que los de la Ibero me deben un
lana, por la buena publicidad que les estoy haciendo.
Después
de este spot publicitario es hora de regresar a la primera semana de clases.
Todos los maestros dicen que nunca te olvidas del primer grupo al que le das
clases y creo que tienen toda la razón. Desde el momento en que llegaron mis
alumnos me fui enamorando de cada uno de ellos, por supuesto que no de la forma
perversa, si no más bien de una forma maternal. Conforme iba pasando la semana
me identificaba con ellos en algún aspecto. Cada uno era un reto para mí y cada
uno me ayudaba a que día a día quisiera mejorar, cada uno de ellos me inspiraba
para ser mejor, para dar todo de mí, cada uno representó el querer dar todo por
ellos, en crear un compromiso de dejar algo bueno en cada uno de esos niños.
Por supuesto que al principio estaba más nerviosos que ellos, pero también cada
día que pasaba me sentía más a gusto, me empezaba a sentir parte de ellos.
Ya
se que suena súper cursi, pero así me sentí… después de 7 semanas de clases
confirmo que tengo los mejores alumnos que maestro pudiera tener… que suerte
que fueron los míos.
Fer:... por mi parte puedo asegurar que los mejores alumnos SON LOS Míos (ji ji)... entre los cuales te encuentras precisamente tú.
ResponderEliminar¡Gracias por compartir!