domingo, 30 de septiembre de 2012

Manos a la obra.


Era tiempo de poner manos a la obra, tenía 7 meses antes de que la maestría empezara y ya no era opción esperar sin hacer nada.
Quería estudiar algo de educación, así que lo más lógico era conseguir un trabajo donde me acerca a este proyecto. Fui a buscar trabajo, en mi lugar natal, a una escuela, obviamente no me lo iban a dar de maestra pero sí de diseñadora. Cuando fui a la entrevista explique mis intenciones de más adelante buscar un puesto en la docencia… me dijeron que cómo era licenciada podría dar clases en secundaria o preparatoria, pero tuve que rechazar la oferta porque simplemente no tolero a los pubertos, se me hace la peor época de cualquiera (…y la mía en lo personal fue fatal) pero agradezco que sólo dure unos cuantos años y después no queden más cicatrices que la de algunos barritos. No nos salgamos del tema, me contrataron para hacer su publicidad, página web, reconocimientos, diplomas, llevar sus redes sociales y, como en Tenancingo todo el mundo se conoce, una de las socias de la escuela conocía a mi familia, por lo que me dió la oportunidad de cubrir algunas clases y me pusieron como maestra provisional de inglés para los alumnos de maternal. Dios, que experiencia más hermosa, desde el primer día supe que esto era lo que quería hacer y aunque a veces es muy difícil lidiar con niños de 3 y 4 años, fue una de las mejores experiencias.
Debo confesar que mi instinto maternal floreció, pobre de mi novio cuando le platicaba esto y le decía que había días en los que se me antojaba tener un bebé, por supuesto siempre me cambia el tema.
Así poco a poco me fui involucrando más y más en esta escuela, con los alumnos, con los maestro y hasta con los padres de familia. Asistía a juntas de docentes, participaba en festivales y cada día más me identificaba más con este mundo.
Llegó julio y también llegaron las nuevas contrataciones… hablé con la persona con la que me había entrevistado desde un principio y me dio la oportunidad de mi vida. Me dijo que había una vacante para el puesto de profesor de segundo grado que si estaba interesa en él, la única condición era que yo necesitaba hacer la maestría en Lectoescritura, de la cuál le había platicado anteriormente y estar reportando mis avances.
Por fin, todo se estaba alineando a mi favor. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Maestría en Lectoescritura


Así que con esta idea en la cabeza dejé la especialidad y regresé a mi pueblo natal: Tenancingo, Estado de México… una pequeña ciudad ubicada a dos horas de distancia del Distrito Federal, alguna vez fue un pueblo muy bonito pero hoy en día se ha convertido en un “pueblote” sin ton ni son… En fin, no nos desviemos del tema. Regresé con la cola entre las patas a decirles a mi papás: “ups, creo que me equivoque de carrera… lo mío, lo mío es la educación” y sí, probablemente muchos padre se hubieran infartado de que su hija después de 4 años y medio de carrera y ya graduada se da cuenta de que erró de profesión, pero seamos honestos no fui ni la primera, ni la única y mucho menos la última en cambiar de opinión respecto a su carrera. Y como ya era tiempo de tener un poco de buena suerte a mi favor mis papás lo tomaron muy bien, demasiado bien a mi parecer… y es que ellos crecieron, sobre todo mi papá, con la idea de que el estudio nunca sobra, al contrario uno siempre tiene que estar actualizándose y preparándose, porque siempre hay cosas nuevas que aprender… el caso es que mi papá me propuso que estudiara otra carrera: Pedagogía, Ciencias de la Educación, la que yo quisiera… pero ¿otra carrera? Ya tenía 23 años... y nada más de imaginarme que iba a salir a los 28 años sin experiencia laboral me aterré.
Busqué todas las opciones que se tenía para poder dar clases en la educación básica, y encontré que con una maestría que estuviera relacionada con educación se podía dar clases.
Lo tenía, lo único que necesitaba hacer era encontrar una maestría que me llenara… y esa sería mi ticket de entrada al mundo de la educación básica.
Después de días de implacable búsqueda la encontré: Lectoescritura para la Educación Básica en la Universidad Iberoamericana Puebla… otro punto a mi favor: en Puebla. Aquí haré un pequeño paréntesis de porque Puebla era otro punto a mi favor. Mi universidad fue la época más divertida, extraordinaria, feliz, enriquecedora de mi vida… la amé. Y aunque a lo mejor no escogí la carrera que al final me iba a llenar, no me arrepiento de nada, y si me dicen que la puedo volver a vivir lo haría sin pensarlo. Yo siempre me sentí “chayote” de corazón (Así les dicen a los de Tenancingo) pero Tenan no es un lugar donde tengas muchas oportunidades de desarrollo, y Puebla rompió con todas mis expectativas de un lugar: tiene todo lo del DF sin el tráfico ni la gente del DF. Aunque los Pipopes tienen mala fama en el resto de la República… yo no podría concordar con ellos, ya que la mayoría de mis amigos son Poblanos y son los mejores que he tenido. También Puebla está muy cerca de Tenan como a unas 3 horas sin tráfico y es un lugar donde las oportunidades de trabajo están creciendo. Puebla es el lugar ideal para vivir, y como había tenido que mudarme de aquella ciudad, lo único que quería era regresar.
Tristemente cuando fui a pedir informes, las fechas de inscripción ya habían pasado y el próximo semestre empezaba hasta agosto… ok, ¿Ahora qué?

lunes, 10 de septiembre de 2012

Para empezar... algo de mí.


Pues bueno, mi nombre es Fernanda Mendoza soy egresada de la carrera de Diseño de Información Visual de la Universidad de las Américas Puebla. Salí en diciembre de 2010 y como la mayoría de los recién egresados, o eso quiero creer yo, después de 19 años de estudios consecutivos me convertí en una NINI cualquiera… con problemas existenciales de no saber que hacer con mi vida, y con el medio de no saber hacer nada en absoluto.
Así pase los primeros seis meses post-graduación, y por supuesto que TODO el mundo me decía “disfruta ahora que no haces nada, total, tendrás el resto de tu vida para trabajar” pero es imposible disfrutar algo con lo que no estás conforme.
Mis padres no me decían nada, pero sin embargo cargaba con el peso de no ser productiva y después de tanto tiempo y tantas colegiaturas no ser redituable.
La búsqueda de trabajo fue exhausta… mucho tiempo, poca paga; mucha experiencia, pocos años; poca experiencia, poco trabajo… hasta que por fin después de 7 meses conseguí mi primer trabajo… y que trabajo.
En mis momentos de confusión y excesiva soledad decidí que lo mejor era seguir estudiando, mantener la mente ocupada para no pensar malas cosas… así que me metí hacer una especialidad en Diseño Editorial, porque eso era lo que me gustaba, en lo que encontraba trabajo… y sí, en efecto, estudiar sólo te deja cosas positivas y a mi me dejó mi primer trabajo de diseño en la universidad (que mejor no diré, porque si no hay cosas buenas que decir, pa’ que decirlas), donde empecé a estudiar mi especialidad en el área de posgrados. No era el trabajo de mi sueños, pero a esas alturas no podía ponerme tan exigente, así que iba con gusto, y hacía el trabajo lo mejor que podía… porque obvio me iban a pagar ¡por fin iba a ser redituable!... y bien dicen que cuando no es para ti, nunca será para ti… llegó diciembre y todavía no firmaba contrato y por supuesto que todavía no veía dinero de mi trabajo, pero me dijeron “no te preocupes vete de vacaciones que las contrataciones las hacen en enero y te pagarán lo que ya has trabajado”… y así me fui feliz y confiada de que por fin en enero me iban a contratar e iba a recibir los sueldos atrasados. Llegó enero y me presenté para mi supuesta contratación y mi paga… y oh sorpresa que con la mano en la cintura me dieron las gracias y POR SUPUESTO que tampoco me pagaron.
¡No, otra vez regresar a lo mismo!
Y sí, estaba en la misma situación en la que había empezado un año atrás… sólo que esta vez no me deprimí, ni pensé cosas malas, al contrario, fui muy positiva y estudié arduamente mis posibilidades… y entonces llegó, como si hubiera estado escondida todos estos años esperando el momento perfecto salir: ¡Quiero ser maestra!