domingo, 14 de octubre de 2012

La parte no tan bonita de la educación...


Los padres de familia me aterran. Cada vez que alguno de ellos quiere hablar conmigo me sudan las manos y me duele el estómago. ¿Por qué? Porque siento que siempre tienen algo de que culparnos. Es decir, cuando el alumno saca 10 o ha desarrollado favorablemente sus competencias y ha logrado cumplir con los aprendizajes esperados es culpa del papá, claro, siempre está al pendiente de su hijo, le pone actividades extracurriculares, bueno ya saben, los padres que todos quisiéramos tener. Pero ¿qué pasa cuando el niño obtiene “malas calificaciones”? Por supuesto que es culpa del profesor, que no le enseña nada y le tiene mala voluntad al niño.
Siento que los padres de familia, mucha veces, son unos mal agradecidos que no valoran el esfuerzo del maestro en el aula. Por ejemplo, en la segunda semana una mamá se me acerca y me dice que su hijo tiene que usar lentes, pero que no los quiere usar por temor a ser la burla de sus compañeros. Sabía que tenía un reto por delante: Alex tenía que usar sus anteojos. Así que fui a la papelería y compré limpia pipas de color negro y me puse a hacer unos lentes para cada niño de la clase. El lunes llegué y les dije que toda la semana todos utilizaríamos lentes, incluyéndome, de esa manera Alex no se sentiría diferente al resto de sus compañeros. El experimento resultó ser un éxito (por lo cual me sentí muy satisfecha y pensé: reto logrado), después de la semana experimental Alex siguió utilizando sus lentes sin sentirse raro y sin ser la burla de nadie. Una semana después la mamá de Alex se acercó a platicar conmigo, ingenua, pensé que sería para darme las gracias de que su hijo ya utilizaba los anteojos en clase, pero, oh sorpresa, se acercó para decirme que su hijo no iba a nadar porque tenía una dermatitis en la pierna y que estaba en tratamiento. El tema de los lentes nunca salió.
A todo ser humano le gusta el reconocimiento y yo no soy la excepción. No esperaba que con esta actividad me eligieran como la mejor maestra de todas y me dieran un premio, pero si esperaba un “gracias maestra”.
Los papás creen que los maestros no nos esforzamos lo suficiente, creen que no es trabajo alguno controlar y enseñar a cada uno de sus hijos, creen que salimos de la escuela y que nos desligamos completamente de ella, que no hacemos planeación, ni buscamos materiales didácticos para utilizar en el salón o estrategias para hacer las clases más divertidas para sus hijos, que no nos preocupamos cuando alguno de ellos no está cumpliendo con los aprendizajes esperados o que no están desarrollando cierta competencia.
A lo mejor a sido culpa de los propios maestros dar este tipo de imagen, y cómo no, si hacen paro por cualquier excusa, no asisten a clases y la neta es que les vale madre la educación. Así que los maestros que sí lo hacemos por convicción y no porque fue el último recurso hacernos maestro, la tenemos más difícil. Tenemos que demostrarle a cada padre de familia la importancia de nuestro trabajo y el esfuerzo que realizamos para no hacerlo bien, si no excelente. Y sí, probablemente tardarán en reconocerlo, pero al final notarán un cambio y se darán cuenta de la importancia de la labor del maestro.

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